viernes, 25 de abril de 2014

al borde del abismo.

Puede que ella lo tenga todo, puede que nada parezca estar mal y realmente puede que no lo esté pero su sentimiento no es ese. Siente que todo se desmorona, que cada vez es peor y que nada volverá a estar bien, podría decirse que vive una mentira, su propia mentira.

Cuando llega a casa las cuatro paredes de su cuarto la acompañan, una se llama soledad, otra miedo, otra lágrimas y la cuarta desesperación. Un día sale a pasear, ya nada le importa solo intenta desprenderse de todos esos sentimientos que lleva siempre a la espalda, sin rumbo fijo ni reloj, camina. Llega a un extraño sitio, calmado donde no parece pasar mucha gente y del que nunca había sabido nada, se siente bien incluso cree haber encontrado su sitio. Al final del camino hay un precipicio gigante y realmente profundo, se asoma, se pone a pensar en como sería caer por ahí, en si así acabarían todos sus problemas, pensó en muchas cosas en muy poco tiempo al borde de ese lugar, de la muerte.

Le pasaron miles de cosas por la cabeza, pero solo se quedó con una: tirarse por ahí era una locura, así no haría más que acabar con todas las posibilidades que tuviera por pocas que fueran, tirarse por un precipicio un día triste no debía ser tan siquiera una opción ¡por Dios! estaba perdiendo el norte.
Al fin piensa en volver a casa sin descartar la posibilidad de pasar por allí cualquier otro día y justo cuando decide no tirarse alguien la empuja.